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Adicción a las redes sociales en adolescentes: qué dice un estudio con 616 alumnos españoles

Las redes sociales forman parte del día a día de prácticamente todos los adolescentes. La mayoría las usa sin mayores consecuencias, pero una minoría desarrolla un patrón de uso que se parece bastante al de otras conductas adictivas: pensar constantemente en ellas, necesitar cada vez más tiempo, ponerse nervioso cuando no puede conectarse. Un estudio publicado en 2025 en la revista científica Adicciones ha medido ese fenómeno en adolescentes españoles y, sobre todo, ha intentado responder a una pregunta menos obvia: ¿la adicción a las redes causa problemas psicológicos, o son ciertos rasgos de personalidad los que explican ambas cosas a la vez?

Cómo se hizo el estudio

El equipo, de la Universidad de Castilla-La Mancha, la Universitat Jaume I, la Universidad de Zaragoza y el CIBERSAM, trabajó con 616 estudiantes de dos institutos públicos de Castelló de la Plana, con una edad media de 15 años y prácticamente la mitad chicas. Además, 222 de ellos volvieron a ser evaluados un año después, lo que permite observar qué viene antes y qué después, algo poco habitual en este campo.

Para medir el uso adictivo se empleó la Bergen Social Media Addiction Scale (BSMAS), un cuestionario breve de seis preguntas que recoge los componentes clásicos de la adicción: preocupación, tolerancia, uso para evadirse, intentos fallidos de reducir, malestar al no poder usarlas y consecuencias negativas. Una parte del trabajo consistía precisamente en comprobar que esa escala funciona bien en adolescentes españoles: lo hace, con buena consistencia interna y midiendo lo mismo en chicos y en chicas.

Junto a la escala se recogieron los rasgos de personalidad del modelo de los Cinco Grandes (neuroticismo, extraversión, apertura a la experiencia, amabilidad y responsabilidad) y un amplio abanico de indicadores: ansiedad, estado de ánimo, conducta desafiante y antisocial, agresividad, problemas alimentarios, acoso y ciberacoso, consumo de alcohol, juego de apuestas, uso problemático de videojuegos, satisfacción vital y rendimiento académico.

Cuánto usan las redes y cuántos están en riesgo

Las cifras de uso declarado dan una idea del terreno: una media de 2,82 horas diarias entre semana y 3,78 horas los fines de semana en WhatsApp, y 2,50 y 2,77 horas respectivamente en Instagram. Facebook y otras plataformas quedaban muy por detrás. Un 8,6 % superaba las seis horas diarias en WhatsApp entre semana, porcentaje que subía al 15,8 % en fin de semana.

Aplicando los puntos de corte propuestos en la literatura internacional, el estudio estima que:

  • el 12,2 % de los adolescentes estaría en riesgo de uso problemático de redes sociales;
  • el 2,4 % encajaría en un perfil compatible con adicción.

La diferencia por sexo es de las más llamativas del trabajo: 18,4 % de las chicas en riesgo y 4,2 % en el rango de adicción, frente al 6,3 % y el 0,6 % de los chicos. Es un patrón coherente con lo observado en otros países y con el hecho de que las adicciones sin sustancia se reparten de forma desigual: ellos tienden más a los videojuegos, ellas más a las redes sociales.

Qué perfil de personalidad se asocia al uso adictivo

La personalidad resultó ser un buen predictor. El uso adictivo de redes se asoció sobre todo a:

  • Neuroticismo alto: tendencia a experimentar emociones negativas, preocupación y malestar con facilidad.
  • Extraversión alta: sociabilidad y búsqueda de interacción, que en el entorno digital se traduce en más actividad y más exposición.
  • En menor medida, baja apertura a la experiencia, baja amabilidad y baja responsabilidad.

Estas asociaciones también variaban según el sexo. En las chicas pesaban especialmente el neuroticismo y la baja responsabilidad; en los chicos, la extraversión era el rasgo más destacado. Los autores lo interpretan así: en ellas el uso intensivo parecería funcionar más como forma de afrontar el malestar cotidiano, mientras que en ellos tendría un componente más social y de búsqueda de estimulación.

El hallazgo más interesante: la personalidad explica buena parte de la comorbilidad

En un primer análisis, el uso adictivo de redes aparecía asociado a casi todo lo que se midiera: ansiedad, síntomas depresivos, problemas alimentarios, conducta desafiante y antisocial, agresividad, ciberacoso y cibervictimización, consumo de alcohol, uso problemático de videojuegos, menor satisfacción con la vida y peor rendimiento académico. Es el retrato habitual en la literatura, y el que suele alimentar los titulares.

El giro llega al controlar estadísticamente los rasgos de personalidad: la mayoría de esas relaciones se debilitan mucho o desaparecen. Solo unas pocas se mantienen, y con tamaños pequeños: los problemas alimentarios en el conjunto de la muestra, la ansiedad (y en menor grado los síntomas depresivos, sobre todo en chicas) y, en los chicos, el vínculo con los videojuegos y el ciberacoso.

En el análisis longitudinal ocurre algo parecido. Sin tener en cuenta la personalidad, el uso problemático de videojuegos, la conducta desafiante, los problemas alimentarios y la ansiedad predecían un mayor uso adictivo de redes un año después; y el uso adictivo de redes predecía a su vez más cibervictimización y peor rendimiento académico. Al introducir la personalidad en el modelo, solo sobrevivieron dos relaciones: los videojuegos problemáticos y la conducta desafiante seguían anticipando el uso adictivo de redes un año más tarde.

Dicho de forma sencilla: buena parte de lo que parece «causado por las redes sociales» comparte raíz con ellas, y esa raíz tiene mucho que ver con cómo es cada adolescente. Las redes no quedan exoneradas, pero su efecto propio es más pequeño y más selectivo de lo que sugieren las correlaciones simples.

Qué no puede decir este estudio

Los propios autores señalan tres límites importantes. Los institutos participantes se eligieron por conveniencia, no al azar, así que las cifras de prevalencia no son extrapolables sin cautela al conjunto del país. La submuestra que se siguió un año después (222 adolescentes) es pequeña, sobre todo al dividirla por sexo. Y todos los datos son autoinformados, con el sesgo de memoria y de deseabilidad social que eso implica; medir el uso directamente desde el móvil daría estimaciones más fiables.

Conviene añadir que el estudio se centró en WhatsApp, Instagram y Facebook. TikTok, hoy central en el consumo adolescente, no se analizó de forma específica, algo que los autores apuntan como línea pendiente.

Conclusiones

  • La escala BSMAS funciona bien en adolescentes españoles: es breve, mide un único factor y es comparable entre chicos y chicas, lo que la hace útil para cribado en centros educativos e investigación.
  • Alrededor de uno de cada ocho adolescentes está en riesgo de uso problemático de redes sociales, y en torno a uno de cada cuarenta presentaría un patrón compatible con adicción.
  • El riesgo es unas tres veces mayor en chicas que en chicos, y los rasgos de personalidad implicados no son exactamente los mismos en unos y otras.
  • La personalidad explica gran parte de la asociación entre uso adictivo de redes y problemas psicológicos: al tenerla en cuenta, la mayoría de esas relaciones se atenúan o desaparecen.
  • Los videojuegos problemáticos y la conducta desafiante anticipan el uso adictivo de redes un año después incluso descontando la personalidad, lo que sugiere una vulnerabilidad compartida entre conductas adictivas digitales.
  • Los programas de prevención ganarían en eficacia si se personalizaran según el perfil de personalidad y el sexo, en lugar de aplicar un mensaje único para todo el alumnado.

Fuente del estudio

López-Fernández, F. J., Mezquita, L., Vidal-Arenas, V., Monfil-Carratalá, A., Ortet, G. e Ibáñez, M. I. (2025). Adicción a redes sociales, personalidad, psicopatología y género: Hallazgos transversales y longitudinales en adolescentes. Adicciones, 37(3), 269–284. Publicado por Socidrogalcohol. ISSN 0214-4840 / e-ISSN 2604-6334. Disponible en adicciones.es.

Referencias clave citadas en el estudio

  • Andreassen, C. S., Billieux, J., Griffiths, M. D., Kuss, D. J., Demetrovics, Z., Mazzoni, E. y Pallesen, S. (2016). The relationship between addictive use of social media and video games and symptoms of psychiatric disorders. Psychology of Addictive Behaviors, 30, 252–262. — Escala BSMAS original.
  • Bottaro, R., Griffiths, M. D. y Faraci, P. (2025). Meta-analysis of Reliability and Validity of the Bergen Social Media Addiction Scale (BSMAS). International Journal of Mental Health and Addiction.
  • Cheng, C., Lau, Y., Chan, L. y Luk, J. W. (2021). Prevalence of social media addiction across 32 nations. Addictive Behaviors, 117, 106845.
  • Bányai, F. et al. (2017). Problematic Social Media Use: Results from a Large-Scale Nationally Representative Adolescent Sample. PLoS One, 12(1), e0169839. — Punto de corte de riesgo.
  • Luo, T. et al. (2021). Determination of the cut-off point for the Bergen social media addiction scale. Journal of Behavioral Addictions, 10, 281–290. — Punto de corte de adicción.
  • Arrivillaga, C., Griffiths, M. D., Rey, L. y Extremera, N. (2024). Validation of the Spanish version of the BSMAS among Spanish adolescents. Current Psychology, 43, 31582–31591.
  • Huang, C. (2022). Social media addiction and personality: A meta-analysis. Asian Journal of Social Psychology, 25, 747–761.
  • Meynadier, J., Malouff, J. M., Schutte, N. S. y Loi, N. M. (2024). Meta-analysis of associations between five-factor personality traits and problematic social media use. Current Psychology.
  • Brand, M., Young, K. S., Laier, C., Wölfling, K. y Potenza, M. N. (2016). Modelo I-PACE. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 71, 252–266. — Marco teórico de referencia.
  • Kemp, S. (2024). Digital 2024: Global overview report. — Datos de uso de redes sociales.

Financiación declarada: Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MCIN/AEI/FEDER, UE), Plan Nacional sobre Drogas, Generalitat Valenciana y Universitat Jaume I. Los autores declaran no tener conflictos de interés.

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